Más de 80 cultoras y cultores del Maule llegaron a Mall Curicó para compartir artesanías, música y oficios tradicionales, en una celebración que acercó la identidad regional a las familias y visitantes.
Voces del Maule que se encuentran
Curicó fue escenario de una de las fiestas culturales más significativas del año: la Fiesta del Patrimonio Vivo, un encuentro que reunió a más de 80 cultoras y cultores provenientes de 22 comunas del Maule. Durante tres días, las familias pudieron recorrer stands, conversar con artesanos, conocer sus técnicas y disfrutar del canto campesino en un espacio pensado para celebrar las raíces de la región.
La actividad, realizada por primera vez en la ciudad, fue organizada por el Ministerio de las Culturas, la Asociación de Artesanos del Maule y Mall Curicó, una alianza que permitió acercar el patrimonio vivo a quienes, muchas veces, solo lo conocen de forma distante.
En conversación con este medio, el seremi de las Culturas, Franco Hormazábal Osorio, destacó el sentido comunitario del encuentro:
“Son días para celebrar las expresiones locales y el talento que mantiene viva la tradición del Maule. Gracias al trabajo conjunto, hoy la comunidad curicana pudo compartir directamente con quienes han heredado y preservado estos oficios por generaciones”.
Por su parte, desde Mall Curicó, su gerente Luis Alavado resaltó la importancia de abrir espacios donde la ciudadanía pueda encontrarse con su identidad:
“Estamos orgullosos de ser parte de esta alianza que nos permitió reunir a las mejores artesanas y artesanos del Maule. Mall Curicó siempre tendrá las puertas abiertas para promover la cultura y esperamos seguir acogiendo actividades que valoren los oficios y talentos de nuestra región”.
Artesanía, música y tradición al alcance de todos
La fiesta convocó a representantes de prácticamente todo el territorio maulino: desde Empedrado hasta Pelluhue, desde Curicó hasta Linares. Entre los oficios presentes destacaron la cerámica, el telar, la cestería, el trabajo en cuero, la orfebrería y una amplia variedad de técnicas tradicionales que forman parte del patrimonio vivo.
Las familias que asistieron no solo observaron, sino que también conversaron con los cultores, aprendieron sobre el origen de cada oficio y se llevaron consigo piezas hechas a mano que cuentan historias de territorio y memoria.
El canto campesino también tuvo su espacio, convirtiéndose en banda sonora de un encuentro donde el patrimonio dejó de ser algo lejano para transformarse en una experiencia viva, compartida y cercana.
Curicó fue, por tres días, un punto de encuentro para la cultura maulina. Una celebración que no solo exhibió oficios, sino que también recordó la importancia de cuidarlos, transmitirlos y valorarlos como parte de la identidad regional.




