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jueves, marzo 12, 2026
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Humberto Aqueveque cierra su ciclo con un balance de autocrítica y gratitud

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Mientras la atención y los ritos de Estado en Valparaíso marcaban el pulso del país, en el corazón del Maule se escribía una historia más íntima, pero cargada de la misma solemnidad. Las oficinas de la Delegación Presidencial, mudos testigos de cuatro años de crisis, reconstrucciones y decisiones a contrarreloj, fueron el escenario de un adiós que se sintió tan humano como político.

​El mediodía de este jueves no fue un jueves cualquiera. Fue el instante en que Humberto Aqueveque dejó de ser la autoridad máxima de la región para volver a ser, simplemente, un maulino más. En una reunión que mezcló la rigurosidad técnica con la cortesía republicana, recibió a su sucesor, Juan Eduardo Prieto, en un traspaso de mando que destacó por una calma que hoy parece escasa en la vida pública.
​Al cruzar el umbral de su despacho por última vez, el exdelegado se permitió un respiro. No hubo discursos ensayados ni frases de manual; hubo emoción genuina. «Feliz de haber sido Delegado en este periodo; fue un honor y puede ser el cargo de mayor importancia que me ha tocado», confesó, con una voz que cargaba el peso de mil batallas administrativas y el orgullo de haber servido a su tierra.

​Sin embargo, la verdadera estatura de un líder se mide en su capacidad de mirar al espejo sin concesiones. Aqueveque no eligió el camino fácil del triunfalismo. Con la serenidad que da el ciclo que se cierra, abrazó la autocrítica al reconocer que en la gestión pública los tiempos del reloj pocas veces coinciden con los deseos del corazón: «Soy autoexigente, me hubiese gustado terminar algunos procesos que iniciaron en mi periodo», admitió.
​Pese a lo pendiente, su despedida estuvo marcada por un profundo deseo de bienestar para la región y el país, poniendo el bien común por sobre las diferencias de color político. «Le deseamos el mayor de los éxitos porque si le va bien a él, le va bien a la gente. Nosotros creemos que lo mejor es que le vaya bien a los gobiernos, porque así Chile crece y se desarrolla», sentenció con convicción, sellando el traspaso con un gesto de altura cívica.

​Pero el cierre de este ciclo administrativo no significa un adiós a su vocación por la región. Tras dejar las llaves de la delegación, Humberto Aqueveque ya visualiza su próximo desafío, uno que lo mantendrá profundamente arraigado a la capital maulina. El exdelegado se prepara ahora para compartir su experiencia y visión desde la academia, impartiendo cátedra en la Universidad Autónoma de Chile.
​En las aulas de la casa de estudios en Talca, Aqueveque buscará formar a las nuevas generaciones, transmitiendo no solo el conocimiento técnico de las leyes y la política, sino las vivencias reales de quien estuvo al mando del Maule. Es un retorno a la formación intelectual, un espacio donde la gestión se vuelve aprendizaje y donde su compromiso con el desarrollo regional seguirá latiendo, ahora desde la reflexión y la enseñanza.
​La jornada terminó entre gestos de camaradería y despedidas personales, marcando el fin de un ciclo que, para Aqueveque, concluyó de la misma forma en que comenzó: caminando con la frente en alto y la mirada ya puesta en el futuro de nuestra región.

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