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Cuando la rutina sigue, pero algo no está bien

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Trabajar, estudiar, cuidar a la familia y responder a las responsabilidades diarias puede dar la impresión de que todo marcha con normalidad. Pero seguir cumpliendo con esas tareas no siempre significa que una persona se encuentre bien emocionalmente.

Durante el Mes de la Prevención del Suicidio, el Servicio de Salud Maule llama a prestar atención a aquellos cambios que pueden pasar inadvertidos en la vida cotidiana y que, cuando se mantienen en el tiempo, pueden ser señales de que se necesita apoyo.

El médico psiquiatra y jefe del Departamento de Salud Mental del Servicio de Salud Maule, Dr. Felipe Navia, explica que atravesar una crisis emocional no necesariamente significa dejar de trabajar, estudiar o cumplir con las obligaciones habituales.

“Las crisis emocionales no necesariamente impiden que una persona continúe con sus actividades cotidianas. Lo más relevante es contar con mecanismos de afrontamiento frente a la adversidad y buscar apoyo oportunamente”, señala.

¿Cuándo el estrés deja de ser parte de la rutina?

El estrés forma parte de distintas etapas de la vida. El problema puede aparecer cuando se prolonga y comienza a afectar el descanso, las relaciones o la capacidad para desenvolverse normalmente.

“Puede generar un estado de agotamiento o burnout, donde comienzan a aparecer manifestaciones físicas y emocionales, como irritabilidad, alteraciones del sueño, apatía y desconexión con el entorno”, explica Navia.

También pueden presentarse problemas de concentración, olvidos frecuentes o pérdida de interés por actividades que antes resultaban habituales.

La clave, plantea el especialista, está en observar los cambios y no normalizarlos cuando persisten.

¿Qué pasa cuando alguien cercano cambia?

Reconocer estas señales en otra persona tampoco siempre es sencillo. Muchas veces se tiende a pensar que alguien que continúa trabajando o cumpliendo sus responsabilidades no está atravesando dificultades importantes.

Por eso, una conversación puede ser un primer paso.

“Estar disponible para escuchar sin juzgar ya es muy importante. No necesariamente tenemos que tener la solución al problema de otra persona, pero sí podemos convertirnos en un espacio seguro para alguien que está atravesando una situación compleja”, sostiene el psiquiatra.

Preguntar cómo se siente una persona, escuchar su respuesta y evitar frases que minimicen lo que está viviendo puede facilitar que hable sobre aquello que le preocupa.

Una mayor demanda de atención

Las necesidades de atención en salud mental también han aumentado en la red asistencial. Según el Departamento de Salud Mental del Servicio de Salud Maule, durante los últimos años se ha registrado un incremento de las prestaciones tanto en urgencias como en Atención Primaria y especialidad.

“Esto da cuenta de un aumento de las necesidades de salud mental de la población”, señala Navia.

El especialista agrega que existe especial preocupación por las mujeres jóvenes debido a la presencia de conductas autolesivas en este grupo, situación que requiere atención y seguimiento.

Escuchar también es prevenir

Para el especialista, la prevención no comienza únicamente cuando aparece una emergencia. También está presente en acciones cotidianas: preguntar, escuchar, acompañar y facilitar el acceso a ayuda profesional cuando el malestar persiste o aumenta.

Algunas señales a las que conviene prestar atención son cambios persistentes en el sueño, irritabilidad, aislamiento, apatía, desconexión del entorno o dificultades para concentrarse.

No se trata de diagnosticar a otra persona ni de intentar solucionar por cuenta propia una situación compleja. Se trata de no ignorar los cambios y abrir un espacio para conversar.

Si el malestar emocional se intensifica, afecta significativamente la vida cotidiana o aparecen pensamientos relacionados con hacerse daño o quitarse la vida, es importante buscar ayuda profesional de manera oportuna y recurrir a los servicios de emergencia ante una situación de riesgo inmediato.

El Mes de la Prevención del Suicidio busca precisamente abrir estas conversaciones. Porque una persona puede continuar con su rutina, cumplir con sus responsabilidades y, al mismo tiempo, estar necesitando que alguien le pregunte cómo está realmente.

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