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martes, marzo 17, 2026
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Desertificación y sequía: un sacrificio latente con un pueblo olvidadizo

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Catherine Poblete Uribe- Enfermera y Directora Ejecutiva de Fenasenf

Como enfermeras, somos testigos de la superposición de la crisis ambiental y la injusticia social en Chile. Regiones como Tocopilla, Mejillones y Quintero-Puchuncaví, conocidas como «zonas de sacrificio», sufren por la contaminación de industrias que priorizan la ganancia económica sobre la salud y el medio ambiente. Así, estas comunidades siguen luchando por su derecho a vivir en un entorno sano, mientras la desertificación avanza y la sequía oscurece el futuro

La degradación del suelo y la escasez hídrica se traducen en impactos directos a la salud pública: malnutrición, más enfermedades respiratorias y un deterioro de la salud mental. A un año de las alertas,.

Las cifras son alarmantes: CONAF indica que el 72% del territorio sufre algún grado de sequía y el 63% presenta desertificación moderada a alta. Es crucial que ampliemos nuestra perspectiva e incorporemos la salud en todas las políticas. No bastan medidas aisladas como las desalinizadoras; necesitamos acciones estructurales que integren la justicia ambiental, la protección de los suelos y la salud pública.

Esto implica impulsar leyes que reconozcan el carácter no renovable del suelo, fomentar modelos de manejo sustentable de la tierra como la agroecología, restaurar humedales y prohibir prácticas extractivas depredadoras.

Por estas zonas de sacrificio, y por la salud de todos, debemos exigir justicia climática. Quienes más sufren los estragos son los sectores más vulnerables. Este 2025, volvemos a demandar políticas de Estado que garanticen Hospitales Verdes y Saludables, con un enfoque preventivo que integre salud, medio ambiente y sociedad.

Como enfermeras, es nuestra obligación ética llamar a la conciencia: priorizar la vida por sobre las utilidades. No defender el suelo y el agua es condenar a futuras generaciones a vivir en un ambiente degradado y enfermo. No podemos permitir que estos territorios paguen el costo de un modelo económico injusto. Es momento de impulsar un desarrollo que respete la tierra, garantice la salud pública y dignifique la vida.

 

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