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Maulino presente en fraternidad maradoniana en la Patagonia

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En una tarde que quedará grabada en la memoria del fútbol popular, Los Pelusas de Chile y La Compañía de General Roca, de Argentina, protagonizaron el primer partido oficial entre clubes que llevan en su corazón el legado del Diego Armando Maradona, entre los protagonistas, un talquino.

Cuando el árbitro hizo sonar el silbato inicial, algo más que un partido de fútbol comenzó en los campos de General Roca. El encuentro entre el club chileno Los Pelusas y el local, La Compañía, no fue un choque más entre vecinos de la Patagonia: fue un abrazo continental entre dos comunidades que eligieron el nombre del más grande para llevar en el pecho, y que decidieron que la pelota era el mejor idioma para entenderse.

La tarde rionegrina recibió con cielo despejado y algo de viento patagónico —como corresponde— a los visitantes chilenos, que llegaron desde el otro lado de la Cordillera cargando ilusión, buena fe y esa mística particular que rodea a todo lo que lleva el apodo del Pelusa. Hombres, mujeres e hijos de socios se mezclaron en los bordes del campo con hinchadas del elenco local, compartiéndose mates, empanadas y la misma devoción por aquel pibe de Fiorito que cambió para siempre el modo en que el mundo entiende este juego.

A juicio del presidente del club La Compañía, Maximiliano Ranucci, “El Diego nos unió sin conocernos. Hoy, la pelota hizo el resto, y esperamos que esta hermosa experiencia que hemos vivido se repita en el tiempo”

Este fue el primer partido oficial disputado entre clubes con identidad maradoniana de ambos lados de los Andes, un hito que los protagonistas celebraron con la misma intensidad que cualquier gol. Antes del pitazo inicial, ambas delegaciones se reunieron al centro del campo: los capitanes intercambiaron camisetas y banderines, con los nombres bordados de sus instituciones.

PRIMER CLÁSICO MARADONIANO INTERNACIONAL

Este encuentro marca un precedente histórico en el fútbol popular sudamericano: es la primera vez que dos clubes de distintos países —ambos con identidad maradoniana explícita— disputan un partido oficial. Los organizadores aspiran a que este amistoso sea el germen de un torneo fraternal binacional anual, que consolide el vínculo entre comunidades que comparten el mismo amor por Diego Armando Maradona.

Durante los noventa minutos, el juego fue lo que los impulsores del evento prometieron: generoso, vibrante y con más abrazos que protestas. Los Pelusas, acostumbrados a los terrenos chilenos, debieron adaptarse al viento rionegrino, aunque lo hicieron con una gambeta colectiva que encantó al público neutral. La Compañía, por su parte, exhibió el aplomo de quien juega en casa, con su público, y con la calidad que se le conoce en los terrenos patagónicos y los innumerables campeonatos ganados, cuyos trofeos descansan en su casa-club-bar.

Cuando el árbitro marcó el final, el resultado importó menos que la imagen: jugadores de ambos equipos tomados del hombro, cantando juntos una canción dedicada al Diego, con las camisetas mezcladas y los ojos brillantes.

“Este es el espíritu que el Diego quería para el fútbol: pueblo, alegría y sin fronteras”, señaló Juan pablo Witto, presidente del Club Los Pelusas. Quién, además, aprovechó de agradecer la amabilidad y hospitalidad, con que fueron recibidos, durante los días que estuvieron en General Roca.

Al cierre de la jornada, mientras el sol patagónico se perdía detrás de la Cordillera —ese mismo cordón de montañas que divide dos países, pero no logra dividir dos culturas futboleras—, los dirigentes de ambos clubes señalaron la intención de institucionalizar el encuentro. El «Clásico Maradoniano Andino», como ya lo llaman con afecto, el que nació esa tarde en General Roca con vocación de permanencia.

MAULINO EN CANCHA

Los visitantes chilenos agradecieron la amabilidad demostrada por el Club La Compañía, y regresaron a Santiago de Chile con una victoria, y una camiseta conmemorativa del primer encuentro entre equipos Maradonianos, con la firme convicción de ampliar este evento deportivo a toda Sudamérica.

Entre los visitantes, no podía faltar un maulino. Se trata del periodista, Simón Collado, amante del fútbol y miembro de esta cofradía, quien concluyó que “la vida nos regala muchas cosas, incluso materiales, pero tener este tipo de experiencias y el cómo nos trataron, deja una huella indeleble en el alma. Esperemos que ellos vengan igual”.

¿El resultado? Aunque es solo una anécdota, fue en favor de la visita por la cuenta mínima, con gol de Diego Robles en el último suspiro de la primera etapa. Empero, la victoria se pudo escapar a 5 minutos del final, cuando el golero chileno-cubano, Claudio Pérez contuvo en forma brillante un lanzamiento penal, tras una dudosa mano de Collado dentro del área, que solo el juez local y La Compañía vieron.

La revancha fraterna por el cariño brindado, en la cancha y fuera de ella, está prometida.

 

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